Resulta extraño encontrar diferentes
contradicciones que surgen como resultado de la creciente interconexión y
estado de globalización en el que nos encontramos. Manuel Castells, en su
texto: La red y el yo de su tomo 1: Economía, Sociedad y
Cultura, plantea que paralela a la elevada comunicación a través de ordenadores
se ha desplegado diferentes comunidades virtuales. Así, en era posmoderna y
casi desde 1990, comienza una construcción de la acción social y política
entorno a identidades primarias. ¿Pero cuál es la importancia de
estas identidades dentro del sistema o su relevancia como principio
organizativo?. Entonces la identidad se refiere al reconocimiento que de sí
mismo hace un actor social, con un "atributo o conjunto de atributos culturales
determinados"(Castells), con exclusión a otras estructuras sociales, pero
no significa incapacidad para relacionarse con los otros diferentes, sino
que las relaciones sociales se definen frente a los otros en virtud
de los atributos culturales que especifican su identidad.
Aunque el mundo se encuentra
interconectado a escala global el yo aparece totalmente aislado o
irrecuperablemente perdido para sí mismo, existe un nuevo sentimiento de
soledad absoluta, ineludible y existencial, incorporada a la estructura del
mundo. Por eso surge la búsqueda de una nueva capacidad de conectar en
torno a una identidad compartida, reconstruida. De la misma manera, cuando la
red desconecta el yo, él, individual o colectivamente, construye su significado
sin la referencia instrumental global, entonces el proceso de desconexión se
vuelve recíproco, toda una paradoja
Es por eso que a partir de lo
anterior Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hijas de
los procesos modernizadores de interconexión global, han representado para el
mundo un verdadero reto. No sólo por la manera como han cambiado las formas de
interacción social en el mundo (lo veíamos identificado en autores como
Castells o Echevarría), sino por el quiebre que han significado en las
sociedades previa y posteriormente a su aparición. Seré más claro: los modos de
vida predominantes previos a la aparición de las TIC dependían de la
interacción física, el contacto directo, lo tangible. La distancia era un
factor importantísimo en la difusión de mensajes. Pero con el auge de los
medios digitales, la consolidación del teléfono móvil, las realidades virtuales
de Internet, la comunicación a distancia, esto se ha visto invertido. La
distancia es ahora lo que menos importa. Todo está cerca, por lo menos en la
virtualidad. Esta agilidad en la transmisión de mensajes, el cambio que las
agrupaciones humanas han vivido a una vida rápida, efímera, donde la memoria es
cada vez más fugaz, son lo que consolida un nuevo paradigma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario