viernes, 18 de mayo de 2012


Resulta extraño encontrar diferentes contradicciones que surgen como resultado de la creciente interconexión y estado de globalización en el que nos encontramos. Manuel Castells, en su texto: La red y el yo de  su tomo 1: Economía, Sociedad y Cultura, plantea que paralela a la elevada comunicación a través de ordenadores se ha desplegado diferentes comunidades virtuales. Así, en era posmoderna y casi desde 1990, comienza una construcción de la acción social y política entorno a identidades primarias. ¿Pero cuál es la importancia de estas identidades dentro del sistema o su relevancia como principio organizativo?. Entonces la identidad se refiere al reconocimiento que de sí mismo hace un actor social, con un "atributo o conjunto de atributos culturales determinados"(Castells), con exclusión a otras estructuras sociales, pero no significa incapacidad  para relacionarse con los otros diferentes, sino que las relaciones sociales se definen frente a los otros en virtud  de los atributos culturales que especifican su identidad.
Aunque el mundo se encuentra interconectado a escala global el yo aparece totalmente aislado o irrecuperablemente perdido para sí mismo, existe un nuevo sentimiento de soledad absoluta, ineludible y existencial, incorporada a la estructura del mundo. Por eso surge la búsqueda de una nueva capacidad de conectar en torno a una identidad compartida, reconstruida. De la misma manera, cuando la red desconecta el yo, él, individual o colectivamente, construye su significado sin la referencia instrumental global, entonces el proceso de desconexión se vuelve recíproco, toda una paradoja

Es por eso que a partir de lo anterior Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hijas de los procesos modernizadores de interconexión global, han representado para el mundo un verdadero reto. No sólo por la manera como han cambiado las formas de interacción social en el mundo (lo veíamos identificado en autores como Castells o Echevarría), sino por el quiebre que han significado en las sociedades previa y posteriormente a su aparición. Seré más claro: los modos de vida predominantes previos a la aparición de las TIC dependían de la interacción física, el contacto directo, lo tangible. La distancia era un factor importantísimo en la difusión de mensajes. Pero con el auge de los medios digitales, la consolidación del teléfono móvil, las realidades virtuales de Internet, la comunicación a distancia, esto se ha visto invertido. La distancia es ahora lo que menos importa. Todo está cerca, por lo menos en la virtualidad. Esta agilidad en la transmisión de mensajes, el cambio que las agrupaciones humanas han vivido a una vida rápida, efímera, donde la memoria es cada vez más fugaz, son lo que consolida un nuevo paradigma.

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